Teólogos posliberales

Teólogos posliberales

Teólogos posliberales

En el libro El sobrino del mago, de C. S. Lewis, cuando Digory y Polly se ponen los anillos mágicos en los dedos, son transportados al "bosque entre los mundos". Desde este bosque, pueden entrar en cualquiera de los numerosos estanques que salpican el suelo del bosque. Los estanques, como portales, los llevan a diferentes mundos, cada uno con sus propios códigos y cultura, sus propias historias y su  propio idioma.

De manera similar, en The Nightmare before Christmas (en español: el extraño mundo de Jack), de Tim Burton, Jack Skellington se tropieza con un círculo de árboles de Navidad. Cada árbol representa una fiesta diferente, y cada uno tiene una puerta o un portal que conduce a la ciudad festiva correspondiente. Jack, que es de la ciudad de Halloween, entra por el portal de Navidad, donde malinterpreta la alegría e intenta mejorar la festividad apropiándose de ella. Pero sus códigos y cultura, su lenguaje e historia, no se traducen. Entonces se produce el caos.

Tanto la imaginación literaria de C. S. Lewis como la de Tim Burton se correlaciona con la forma en que los teólogos posliberales proponen que entendamos la iglesia y la fe cristiana. Un aspecto central de la teología posliberal es el reconocimiento de la función formativa del lenguaje y narrativa para las comunidades cristianas. Argumentan que la iglesia es una comunidad con historia, un pueblo que ha sido moldeado de manera única con una cultura y cosmovisión distintas. Al igual que la ciudad de Halloween y la ciudad de Navidad, o los mundos de Charn y Narnia, las comunidades y tradiciones cristianas utilizan un lenguaje único y un conjunto de prácticas a través de las cuales ven el mundo e interactúan con él de maneras particulares. Esas prácticas son, sin duda, cristianasen la medida en que son fieles a la historia de la redención de Dios a través de Jesucristo.

                  La teología posliberal debe su nombre a su insistencia en desarrollar una teología cristiana arraigada a su propia historia, en lugar de intentar articular o justificar las creencias y prácticas cristianas mediante disciplinas o marcos seculares, que era el enfoque del liberalismo teológico. En este contexto, el término "liberalismo" no debe asociarse con las connotaciones populares de "liberal" en la política contemporánea, que a menudo implican progresismo o centroizquierda.  En cambio, se refiere al liberalismo filosófico, surgido del período de la Ilustración y que ejerce influencia sobre las estructuras políticas, económicas y morales de las sociedades occidentales modernas. En lugar de basarse en los supuestos del liberalismo, la teología posliberal busca comprender a la iglesia y la fe cristiana en sus propios términos, recurriendo a su propia narrativa lenguaje y estructuras. El prefijo "pos" en posliberal puede entenderse como "después". Eso no significa que el liberalismo haya terminado o que su influencia haya disminuido. Más bien, los teólogos simplemente intentan liberar la teología del dominio del liberalismo y, al hacerlo, ofrecer una visión más fiel de la iglesia y la vida cristiana. De hecho, al hacer teología después del liberalismo, la teología posliberal suele recuperar lo que existía antes del liberalismo, al centrarse en la historia más profunda de la tradición cristiana y hacia la narrativa de las Escrituras Cristianas.

Aunque es compleja y multifacética en sus argumentos y trayectorias, la teología posliberal mantiene tres énfasis que vale la pena destacar aquí:

  1. El cristianismo se comprende mejor a través de un marco cultural-lingüístico. George Lindbeck, uno de los principales artífices de la teología posliberal, introdujo este concepto en su obra fundamental, La naturaleza de la doctrina. En lugar de tratar la doctrina como un conjunto de proposiciones abstractas (modelo cognitivo-proposicional) o como expresiones simbólicas de experiencias y sentimientos religiosos (modelo experiencial-expresivo), Lindbeck sostiene que la doctrina funciona como la gramática y el vocabulario de la vida de una comunidad. Proporciona las reglas lingüísticas que dan forma a cómo los creyentes perciben, interpretan y habitan el mundo. Por lo tanto, el cristianismo se comprende mejor no simplemente como una colección de creencias, sino como una cultura o lengua materna en la que las personas se forman a través de la participación y la práctica.
  2. La iglesia es un pueblo formado por historias. La teología posliberal enfatiza que las comunidades están constituidas por las narrativas en las que habitan. Basándose en el trabajo de Hans Frei, quien argumentó que las Escrituras constituyen el lente principal a través del cual los cristianos aprenden e interpretan el mundo, Stanley Hauerwas sostiene que la iglesia es un pueblo cuya identidad, carácter y ética se forman a partir de la historia bíblica. Pero, así como la iglesia está formada por la narrativa redentora de Dios, también debe estar atenta a las narrativas contrarias, que definen la realidad y el florecimiento humano en otros términos. Los teólogos posliberales suelen identificar el individualismo, el consumismo y el liberalismo laissez-faire como relatos contrapuestos que, de forma sutil, transforman la visión de la iglesia y socavan el discipulado fiel.
  3. La iglesia da testimonio como una comunidad de carácter. Para los teólogos posliberales, la iglesia no es simplemente una asociación voluntaria de personas, sino un cuerpo social distinto cuya vida en común encarna las virtudes del reino de Dios. Mediante las prácticas de fe, los cristianos se forman como un pueblo cuya vida común da testimonio del evangelio y se extiende al mundo a través de vidas marcadas por la fidelidad, la justicia y la paz. Como bien observó Stanley Hauerwas: "La iglesia no tiene una ética social; la iglesia es una ética social". Por lo tanto, la principal contribución de la iglesia al mundo no residen simplemente en lo que dice o hace, sino en el tipo de comunidad que llega a ser.

Al igual que todas las escuelas de pensamiento, la teología posliberal tiene sus inconvenientes históricos y contextuales. Entre las críticas más comunes a la teología posliberal se encuentran las acusaciones de sectarismo, relativismo o idealismo. La crítica sectaria argumenta que la teología posliberal considera a la iglesia excesivamente separada de la sociedad y del mundo en general, tan ligada a sus propias prácticas e identidad internas que ni moldea ni es moldeada por su contexto social e histórico. Los teólogos posliberales refutan esta crítica argumentando que, si bien la iglesia es un cuerpo social distinto, esto no la separa de la sociedad ni del mundo. Por el contrario, como cuerpo social distinto, la iglesia está mejor capacitada para dar testimonio de la singular realidad del reino de Dios, al ser un modelo o paradigma del reino venidero.

La crítica relativista pone de relieve el rechazo de la teología posliberal hacia el fundacionalismo moderno y las nociones de verdad como innata o universalmente comprensible. Dado que el lenguaje da forma al significado y el lenguaje está ligado a comunidades y narrativas, la teología posliberal ciertamente cuestiona los supuestos de racionalidad universal y verdad objetiva. Esto puede interpretarse claramente como un tipo de subjetivismo en el que la verdad, la moralidad y el conocimiento son completamente relativos. Sin embargo, lo que esta crítica pasa por alto es cómo la teología posliberal conecta la verdad con la narrativa. El cristianismo aún sostiene la verdad e incluso la afirma, pero lo hace desde su propia narrativa y lógica interna, y no según el racionalismo de la Ilustración.

La crítica idealista se centra en la forma en que los teólogos posliberales conciben a la iglesia como una comunidad tan moldeada por su propia cultura, lenguaje y narrativa que pueda formar una comunidad distintiva y contracultural en el mundo. Sin duda, según el argumento, la iglesia está llamada a vivir de acuerdo a su llamado bíblico y a encarnar fielmente las prácticas y virtudes cristianas, pero, en la práctica, ¿dónde está esta iglesia? ¿Dónde hay una comunidad o congregación cristiana que no esté también influenciada por otras narrativas, que no esté también dividida por otras lealtades? ¿Dónde está esta iglesia que es tan singular o tan arraigada en su historia y prácticas que puede generar el tipo de cuerpo social distintivo en el mundo, que los teólogos posliberales imaginan? Esta crítica refleja el desafío de comprender la oscilación, a veces confusa, de los teólogos posliberales entre la iglesia tal como debería ser y la iglesia tal como es. La teología posliberal tiende a hablar en términos normativos —la iglesia como debería ser, un cuerpo social distinto—, pero fundamenta sus afirmaciones en términos descriptivos—la iglesia como es, sometida a poderes seculares o rivales. En lo que respecta a la iglesia, la teología posliberal tiende a hablar de la iglesia como está llamada a ser.

Uno de los desafíos más convincentes para la teología posliberal lo ha planteado Kathryn Tanner en su libro Theories of Culture. (Teorías de la cultura). Tanner, experta en teología posliberal y con la que comparte afinidad, demuestra cómo esta teología, especialmente en sus orígenes del siglo XX, asume una visión modernista de la cultura que sustenta los análisis posliberales de las comunidades cristianas. Según ella, una visión moderna de la cultura supone que la cultura es algo monolítico con límites discernibles. La cultura es el principal orden social que constituye las comunidades y las afiliaciones, y las personas que forman parte de esas comunidades comparten creencias y prácticas similares, si no es que casi idénticas. Este enfoque reduccionista de la cultura, argumenta Tanner, no reconoce la verdadera complejidad y el desorden de las comunidades humanas. Las personas pueden expresar la misma creencia (por ejemplo, un Artículo de Fe), pero no se puede asumir que la interpretan o la encarne de manera estandarizada.  Del mismo modo, las comunidades pueden participar en prácticas compartidas (por ejemplo, la oración), pero las personas invariablemente son moldeadas por esas prácticas y las comprenden de manera diferente. En última instancia, Tanner ofrece una correción a cualquier noción simplificada de la iglesia como una comunidad tan estrecha y distintivamente establecida en su historia y lenguaje que funciona como la ciudad de Halloween de Tim Burton o Narnia de C. S. Lewis. Por supuesto, cada pastor ya sabe esto. Las comunidades humanas son profundamente complejas, y el hecho de que contemos las mismas historias, usemos las mismas palabras y participemos en las mismas prácticas no significa necesariamente que vayamos a pensar o actuar de manera similar.

La teología posliberal ha influido en gran parte de la eclesiología y la teología contemporáneas, especialmente en América del Norte y Europa. Una muestra de su influencia se encuentra en la edición revisada de Models of the Church (Modelos de la Iglesia) (1987) de Avery Dulles. Reconociendo la influencia del pensamiento posliberal, Dulles agregó un sexto modelo, describiendo a la iglesia como "una comunidad de discípulos". Este modelo refleja el énfasis cultural-lingüístico de la teología posliberal y su estrecha afinidad con la ética de la virtud. En lugar de entender a la iglesia principalmente como una institución, un heraldo o un sacramento, la iglesia se entiende como una comunidad cuya identidad se forma a través de la lectura compartida de las Escrituras, la participación en las prácticas de la tradición cristiana y la formación continua en la vida de Cristo. A través de la adoración, el discipulado y la participación en las prácticas de la fe, los creyentes son formados en el camino de Jesús como el cuerpo de Cristo.

De igual manera, la teología posliberal tiene una gran influencia en la tradición wesleyana de santidad debido a nuestra concepción de cómo la iglesia se forma para convertirse en un pueblo santo. Durante mucho tiempo, los wesleyanos han entendido la santidad no simplemente como la aceptación de proposiciones doctrinales, ni como la conformidad con un código moral definido principalmente por prohibiciones. Más bien, la santidad como una forma de vida, un hábito, cultivado a través de la gracia santificadora de Dios y nuestra participación fiel en esa gracia dentro de la vida de la iglesia. El carácter cristiano se forma a medida que los creyentes se sumergen en la narrativa bíblica, son moldeados por las prácticas y la adoración dentro de la comunidad cristiana, y son continuamente invitados a una conformidad más profunda con Cristo.

El énfasis posliberal en la ética de las virtudes proporciona un diálogo particularmente fructífero para la comprensión wesleyana de la santidad. Las virtudes no se adquieren meramente mediante la instrucción intelectual, sino a través de la participación reiterada en prácticas que forman hábitos de fidelidad. La iglesia se convierte en la comunidad en la que los creyentes aprenden a encarnar las virtudes de Cristo a través de la adoración, la oración, las Escrituras, los sacramentos, la hospitalidad, el perdón, la justicia y el servicio. En el lenguaje wesleyano, estas prácticas corresponden estrechamente con las obras de piedad y las obras de misericordia: medios de gracia a través de los cuales Dios forma el amor santo dentro de su pueblo. Estas prácticas se convierten en el medio habitual por el cual el Espíritu Santo transforma a los creyentes en personas que aman cada vez más a Dios con todo su corazón y a su prójimo como a sí mismas.

Josh R Sweeden y Nell M. Becker Sweeden