Una Oración de Moisés De Éxodo 33:12-23

Una Oración de Moisés De Éxodo 33:12-23

Una Oración de Moisés De Éxodo 33:12-23

Déjame ver tu gloria. Éxodo 33:18

Como se cuenta en el libro del Éxodo, el pueblo de Dios disfrutó del poder sobrenatural y espectacular de Dios (el cruce del Mar Rojo, el agua de la roca), al mismo tiempo que se beneficiaba de sus generosas bendiciones (el fuego, la nube, el maná y las codornices). Sin embargo, a pesar de tener este gobierno amoroso y poderoso, a menudo no estaban dispuestos a obedecerlo. Desafortunadamente, lo mismo ocurre con muchos cristianos hoy en día.

 

En Éxodo 32, la rebelión del pueblo de Dios llegó a límites extremos. Mientras Moisés pasaba tiempo en la montaña con Dios. El pueblo presionó a un Aarón vacilante para que les fabricara un sustituto de Dios que fuera visible para adorarlo. Cuando Moisés regresó y vio la escena y el becerro de oro, rompió las tablas de la ley de Dios con furia. El primer mandamiento de aquellas tablas había sido quebrantado: no tengas otros dioses además de mí. Moisés destruyó el ídolo y los levitas se unieron a él para abordar la flagrante desobediencia. Muchos de los que se habían rebelado perdieron la vida.

 

Al comienzo del capítulo 33 el Señor reveló su “plan B” a Moisés con respecto al resto de su viaje a Canaán. Como lo había prometido anteriormente, Israel alcanzaría y poseería la tierra prometida, una tierra con abundante alimento para ellos y sus descendientes. Los enemigos de Israel siempre serían derrotados, tal como el Señor había dicho. Sin embargo, Dios hizo un cambio significativo en el plan original: ya no iría con ellos. Cansado de su continua desobediencia, Dios decidió limitarse, advirtiendo que si Israel desobedecía nuevamente, los destruiría. La paciencia de Dios tiene límites.

 

Por increíble que nos parezca, Moisés se acercó a Dios suplicándole que reconsiderara su decisión. Moisés dijo: “O vas con todos con nosotros, o mejor no nos hagas salir de aquí” (V. 15, NVI). ¡Qué audacia mostró Moisés con el mismo Creador! Sin embargo, sorprendentemente, la respuesta de Dios fue positiva: “El Señor respondió a Moisés: “Ciertamente haré lo que me pides, porque te miro con agrado y te conozco por tu nombre” (V. 17 NTV). Una versión en español dice: “Porque cuentas con mi ayuda y eres mi amigo”, y el Señor agregó: “Yo mismo iré contigo, Moisés, y te daré descanso, todo te saldrá bien.” (V. 14ª, NTV).

 

¡Qué logro tan increíble el de Moisés! Podríamos esperar que después de tal concesión por parte del Señor, Moisés le agradecería repetida y profundamente, se inclinaría en reverencia y se retirara rápidamente. ¡Ciertamente no se atrevería a pedir nada más durante mucho tiempo! Pero no sucedió así. Todo lo contrario. Moisés fue por todo: “Entonces Moisés dijo: “Déjame ver tu gloria” (v. 18, NVI).

 

Si yo hubiera estado allí, probablemente le habría advertido: Piensa bien lo que pides. . . ¿No será demasiado, Moisés?

 

Condiciones para ver la Gloria de Dios

Ser Digno de Confianza

En Números 12:6-8 (NTV) Dios dice refiriéndose a Moisés:

“Su hubiera profetas entre ustedes, yo, el SEÑOR, me revelaría en visiones; les hablaría en sueños. Pero no con mi siervo Moisés. De toda mi casa, él es en quién confío. Yo le hablo a él cara a cara, ¡con claridad y no en acertijos! Él ve al SEÑOR como él es”.

Es hermoso cuando podemos confiar en Dios, pero es mucho más hermoso cuando Dios puede confiar en nosotros. Este fue el caso de Dios y Moisés. Moisés era su siervo, pero también tenía el favor de Dios y era su amigo. Por eso no necesitaron intermediarios; tenían una “conexión directa”; hablaron cara a cara.

 

Amar Incondicionalmente

Moisés no sólo amó al Señor con todo su ser, sino que amó al pueblo de Dios con un amor inexplicable desde el punto de vista humano.

En Éxodo 32, Moisés intercede por los israelitas de una manera única: “¡Qué pecado tan grande ha cometido este pueblo al hacerse dioses de oro! Sin embargo, yo te ruego que perdones su pecado. Pero si no vas a perdonarlos, ¡bórrame del libro que has escrito!”. (vv. 31-32, NVI).

Si no podía obtener el perdón de Dios para el pueblo de Israel, Moisés prefirió morir, y para la eternidad. Estaba ofreciendo su vida sin pedir nada a cambio. Moisés no había estado involucrado en el pecado cometido, pero eso era totalmente irrelevante para él. Estaba tan apegado al pueblo de Dios que aunque era inocente, estaba dispuesto a morir con ellos.

De Pie sobre la Roca

Matthew Henry ve en la roca en la que Dios protegió a Moisés al pasar, un tipo de Cristo “Esta roca era Cristo (1 Corintios 10:4). Y es sólo por Cristo que tenemos el conocimiento de la gloria de Dios. Nadie puede ver su gloria excepto aquellos que están sentados sobre esta roca y custodiados por ella”.[1]

Mientras Moisés se escondía en la hendidura de la roca, el creador del universo transmitió toda su incomparable bondad, su naturaleza ética y espiritual delante de Moisés, en un majestuoso escenario de las Escrituras. Ahora sabemos que no fue la escena final; Moisés tuvo el honor de ver nuevamente la gloria de Dios en esta tierra en la persona de Jesús, en el monte de la transfiguración. El Evangelio de Lucas nos dice que Moisés y Elías “… Se veían llenos de gloria. Y hablaban sobre la partida de Jesús de este mundo, lo cual estaba a punto de cumplirse en Jerusalén” (Lucas 9:31, NTV). Charles L. Childers dice que no debería sorprender que los representantes de la ley y los profetas tuvieran una audiencia con el Redentor, “antes del pago del precio del rescate”. [2]  Moisés había encabezado el primer éxodo; Jesús lideraría el segundo.

Mientras estamos sobre la roca que es Cristo, nos acercamos al trono confiadamente en nuestro momento de necesidad. ¡Y veremos su gloria!

Rubén Fernández es rector del Seminario Nazareno de las Américas (SENDAS) en Costa Rica.

 

 

[1] Biblia de Estudio Matthew Henry, ed. Alfonso Ropero (Barcelona: Vida Publishers, 2021), 136.

[2] Charles L. Childers, Comentario Bíblico Beacon, ed. Sergio Franco (Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1983), 500.

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