Noviembre 2026

Los nazarenos llegan a Kansas City: La Asamblea General de 1915

La Asamblea General de la Iglesia del Nazareno se celebró por primera vez en Kansas City, Missouri, en 1915. Este fue la cuarta reunión de este tipo. Las tres primeras se llevaron a cabo en Chicago, Illinois (1907), Pilot Point, Texas (1908) y Nashville, Tennessee (1911).

En la mesa

Una de las preguntas que a menudo me hacen sobre mis viajes como superintendente general es: «De todos los lugares que ha visitado, ¿cuál es su favorito?» Por supuesto, esa es una pregunta injusta porque amo la iglesia en todo el mundo con todas sus expresiones de diversidad y unidad. Así que debo esquivar la pregunta sonando un poco regional y decir que, por supuesto, ¡es el país donde nací y crecí!

Reflexiones sobre el día de reposo: Un regalo de Dios para los ministros cansados

Faltaban dos días para mi cumpleaños número veinteocho, cuando llegó mi primer domingo como pastor principal. Utilizo el término «pastor principal» con bastante generosidad; en realidad, yo era el pastor, y cuarenta y dos personas se presentaron para recibirme en aquel primer día del Señor.

Entregar nuestros cuerpos

Recuerdo que hace unos años, en una Navidad, mi suegra me regaló un cargador portátil para mi teléfono. Para ser honesto, me sentí agradecido, pero no pensé que lo necesitaría mucho, ya que tenía acceso a un cargador en la oficina y en el automóvil. Con el paso del tiempo, comencé a viajar más y pronto me di cuenta de que mi nuevo ritmo de vida no me permitiría depender de cargar mi teléfono como lo hacía antes.

Recibir el descanso de Cristo

Recuerdo haber estudiado Mateo 11:28-30 hace décadas en la escuela dominical. A todos nos entregaron una imagen fotocopiada en blanco y negro de dos bueyes unidos por un yugo. Ahora, cada vez que se leen o se predican estas palabras, esa es la imagen que viene a mi mente. Recuerdo la idea de estar unida a Jesús mediante el yugo y dejar que Él guiara mi vida.

El regalo divino del día de reposo

El día de  reposo (Sabatt) es una práctica distintiva de la tradición judeocristiana. Ninguna otra civilización antigua reconoció la importancia de dedicar un día a la semana al descanso, a adorar a Dios, a disfrutar de la vida familiar y a reponer fuerzas para la semana siguiente.