Jesús en Génesis

Jesús en Génesis

Hace un año, mi esposa y yo compramos una casa situada en un bosque de dos hectáreas. Yo realmente disfruto la paz y la soledad del bosque, pero algo que esperaba con mucha ilusión era la llegada de la primavera, cuando podría salir al bosque y recorrer el suelo en busca de ese famoso hongo de temporada: la seta morilla.
             Mi primera experiencia buscando morillas ocurrió hace una década, cuando un feligrés me invitó a unirme a él para ir a buscar estas delicias. Como no conocía para nada a las morillas, pasé algún tiempo en internet familiarizándome con su apariencia. Mi amigo me dio más consejos a medida que viajábamos hacia nuestro destino. De todas formas, hay una gran diferencia entre las imágenes y las descripciones de algo y observarlos en la realidad salvaje, este fue el caso con las morillas. Las morillas camufladas entre los restos del suelo forestal no saltan a la vista, sino que deben buscarse con paciencia y dedicación. Pero algo sucede una vez se les presta atención y se busca en los lugares adecuados: de repente ellas sobresalen en rincones y huecos, debajo de los olmos y álamos, donde el suelo conserva la cantidad adecuada de humedad. Es innegable que la morilla reside en el suelo del bosque, pero usted necesita saber dónde buscar.  

Lo mismo ocurre al descubrir a Jesús en el libro de Génesis. Cuando sabe dónde buscar y cuando los ojos espirituales se ajustan al terreno bíblico y teológico, encontrar a Jesús en Génesis y en el resto del Antiguo Testamento sucede con una frecuencia gratificante. Esto cobra sentido a la luz de la descripción que Jesús hace de sí mismo en Apocalipsis 22:13: "Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, El principio y el Fin". La cierto es que Jesús está presente en toda la Biblia de pasta a pasta. La clave reside en recordar dos cosas: (1) Jesús es la Palabra y (2) Jesús es la salvación. Sabiendo eso, veamos brevemente varios lugares en los que vemos a Jesús en el primer libro de la Biblia.  

Nuestra primera clave es que Jesús es la Palabra de Dios. En la proclamación inicial del evangelio de Juan nos enteramos de que "En el principio ya exisitía el Verbo... Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir". (Juan 1:3). Esa es una pista para nosotros; encontraremos a Jesús estrechamente activo en la creación. Cuando Génesis comienza con las palabras "En el principio Dios creó los cielos y la tierra", no debemos leerlo como si solo Dios Padre estuviera presente y fuera responsable. Sabemos que no solo el Verbo, Jesús, estaba allí con Dios en el principio, sino que fue por medio de Jesús que todo fue hecho. El apóstol Pablo reitera esta verdad cuando dice: "Él es anterior a todas las cosas y en Él todas las cosas subsisten. (Colosenses 1:17). Reconocer a Jesús en el principio y centro de toda la creación debería alentarnos, porque significa que podemos confiar en su provisión infinita y sustentadora.  Aquel que lo hizo todo, lo sustenta todo.

La segunda clave para ver a Jesús en Génesis es entender que Él es la salvación. Por lo tanto, dondequiera que vemos a Dios salvando, reconocemos a Jesús. Por ejemplo, Génesis 3 relata el momento en que la serpiente tienta y engaña a la humanidad para que se rebele. Luego, el Señor maldice a la serpiente y predice su derrota final, declarando que la descendencia de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente (v. 15). Esto a menudo se conoce como protoevangelium, proto significa "primero" y evangelium significa "buenas nuevas". Nuevamente, aquí en los primeros capítulos de Génesis, vemos una señal de Jesús como aquel que derrotará a nuestro enemigo de una vez y por todas en la cruz. 1 Juan 3:8 revela que esta es la misma razón por la que el Hijo de Dios se manifestó, y Hebreos 2 explica cómo Jesús derrotó al diablo y salva a la humanidad de aquel que tenía el poder de la muerte (ver. 14). En Génesis, Jesús es nuestra salvación prometida.

Otra imagen de Jesús en Génesis que a menudo se pasa por alto se encuentra en el relato del diluvio en los capítulos 6-9. Aquí aprendemos de Noé, "un hombre justo e íntegro entre los hombres de su tiempo" (6:9), a través de cuya obediencia Dios salva a un remanente y preserva un futuro para la humanidad. Este acto de salvación prefigura a Jesús, el Salvador del mundo "que no conoció pecado" (2 Corintios 5:12), quien salva a su propia familia de fe y prepara un nuevo reino donde florece la justicia (2 Pedro 3:13). Al igual que el arca que preservó a la familia de Noé del juicio de Dios, Jesús es tanto el arca como la puerta del arca (Juan 10:9), a través de quien entramos para ser salvos.

Cuando nos dirigimos a los patriarcas de Génesis, vemos a Jesús en Abraham, Isaac y Jacob también. Cada uno es un tipo o ejemplo de quién sería Jesús. Al igual que Abraham, Jesús obedeció a Dios y dejó la casa de su Padre para seguir la dirección de Dios; y, al igual que Abraham, Jesús se convirtió en el vehículo a través del cual la promesa del pacto de salvación de Dios llegó a su pueblo (el antiguo y el nuevo pacto, respectivamente), ambos con innumerables descendientes. Al igual que Isaac, Jesús confió en su Padre y se ofreció a sí mismo como un sacrificio. Al igual que Jacob, quien se convirtió en el padre de muchas naciones y cuyos hijos fueron el fundamento de Israel, los doce discípulos de Jesús fueron el fundamento de su iglesia, y Él es el Padre de todos los que acuden a Él por fe.

Podría continuar, desde Jesús como el Segundo Adán (1 Corintios 15), Jesús como el profeta, sacerdote y rey prefigurado en Melquisedec (Hebreos 7), hasta Jesús como aquel que une a cada tribu y nación en contraste con la rebelión en Babel (Filipenses 2; Apocalipsis 5:9-10); casi cada capítulo tiene su imagen. De principio a fin, Jesús está presente en el primer libro de la Biblia.

Por emocionante descubrir la presencia de Jesús en Génesis, algunos pueden preguntarse por qué es importante. Después de todo, tenemos todo el Nuevo Testamento escrito sobre él. Sin embargo, en nuestros días, es vital reconocer que toda la Biblia señala a Jesús y trata sobre él. Esta perspectiva no siempre se aprecia. En la iglesia primitiva, surgió una herejía llamada marcionismo, la cual enseñaba que el Dios del Antiguo Testamento no era el mismo ser revelado en el Nuevo Testamento. Además, Marción enseñaba que Jesús no era el Hijo del Dios hebreo, y que los cristianos podían e incluso debían ignorar la autoridad del Antiguo Testamento. En tiempos más modernos, el presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, editó su propia versión de la Biblia, omitiendo todo el Antiguo Testamento y eliminando la mayoría de las profecías y milagros mencionados en el Nuevo Testamento para enfocarse únicamente en Jesús como filósofo y maestro moral. En el siglo XX, teólogos como Adolf von Harnack y Henry Emerson Fosdick buscaron descartar las partes del Antiguo Testamento que les resultaban vergonzosas o inconsistentes con el mensaje de los evangelios. Recientemente, el prolífico pastor y autor Andy Stanley ha hecho un llamado a los cristianos modernos a liberarse de las enseñanzas del Antiguo Testamento para así conectar mejor con aquellas personas que pueden considerar desagradables algunas partes de las Escrituras hebreas.

Cada uno de estos hombres puede haber tenido razones sinceras, incluso nobles, para excluir partes o la totalidad del Antiguo Testamento. Sin embargo, cuando comenzamos a descubrir lo intrincado y estrechamente entrelazado que está Jesús con los dos primeros tercios de la Biblia, queda claro que eliminar el Antiguo Testamento es extirpar dos tercios de la revelación de Dios y gran parte de nuestra comprensión de Jesús mismo. Evitamos esta trampa cuando aceptamos la verdad de que Jesús, nuestro Creador y Salvador, está presente y activo en toda la Escritura. 
            Estoy muy agradecido de que mi amigo me haya enseñado a observar el suelo del bosque de una manera diferente ese día, a entrenar mis ojos para ver lo que ya estaba allí.  Mi esperanza es que nos acerquemos a toda la Biblia, y a la presencia de Jesús en ella, de la misma manera.

Andy Lauer es pastor principal de la Primera Iglesia del Nazareno South Bend, en South Bend, Indiana, EUA.

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